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Escepticismo profesional: por qué un auditor no puede limitarse a creer lo que le cuentan

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Un auditor pregunta. Contrasta. Vuelve a preguntar. Pide documentación adicional. Investiga una diferencia que quizá parezca pequeña. Y, en ocasiones, cuestiona una explicación que a primera vista resulta perfectamente razonable.

Desde fuera, esa actitud puede confundirse con desconfianza. Pero no lo es. Tiene un nombre y constituye uno de los pilares de la auditoría: escepticismo profesional.

La auditoría no consiste en aceptar las explicaciones de la empresa ni en partir de la idea de que necesariamente existe un problema. Consiste en mantener una mente inquisitiva, valorar críticamente la evidencia y reconocer que pueden existir incorrecciones materiales debidas a error o fraude.

¿Qué es el escepticismo profesional?

La Ley 22/2015, de Auditoría de Cuentas, establece que el auditor debe actuar con escepticismo y aplicar su juicio profesional en cualquier trabajo de auditoría de cuentas. Define el escepticismo profesional como una actitud que implica mantener una mente inquisitiva y una especial alerta ante circunstancias que puedan indicar posibles incorrecciones, debidas a error o fraude, y examinar críticamente las conclusiones de auditoría.

La NIA-ES 200, sobre los objetivos globales del auditor independiente, establece igualmente que el auditor debe planificar y ejecutar la auditoría con escepticismo profesional, reconociendo que pueden darse circunstancias que provoquen incorrecciones materiales en los estados financieros.

Por tanto, no se trata de una recomendación de buena práctica. Es un principio que debe acompañar al auditor durante toda la auditoría.

Ser escéptico no significa desconfiar de todo

El escepticismo profesional no obliga al auditor a considerar que la dirección de la empresa está actuando de mala fe.

De hecho, la NIA-ES 200 permite tener en cuenta la experiencia previa sobre la honestidad e integridad de la dirección y de los responsables del gobierno de la entidad.

Pero existe una diferencia fundamental: esa experiencia previa no permite al auditor conformarse con evidencia que no resulte convincente.

Una buena relación con el cliente, muchos años de trabajo conjunto o la confianza personal en sus responsables no sustituyen a la evidencia de auditoría.

El auditor puede confiar en las personas. Pero su opinión debe basarse en evidencia.

¿Cómo se aplica en la práctica?

El escepticismo profesional aparece constantemente durante una auditoría.

Si una explicación no coincide con la documentación disponible, el auditor debe investigar la diferencia. Si dos evidencias se contradicen, no debería seleccionar simplemente la que confirma su primera impresión. Si una estimación depende de hipótesis especialmente optimistas, deberá valorar críticamente su razonabilidad. Si aparece una operación inusual, puede ser necesario comprender su fundamento económico y ampliar los procedimientos.

También implica estar alerta ante información que cuestione la fiabilidad de documentos o respuestas obtenidas, condiciones que puedan indicar fraude y circunstancias que hagan necesarios procedimientos adicionales.

La NIA-ES 200 advierte precisamente de algunos riesgos que ayuda a evitar esta actitud: pasar por alto circunstancias inusuales, generalizar demasiado a partir de hechos observados o utilizar hipótesis inadecuadas al diseñar procedimientos y evaluar sus resultados.

El escepticismo es especialmente importante frente al fraude

La NIA-ES 240, relativa a las responsabilidades del auditor con respecto al fraude, refuerza especialmente este principio.

El auditor debe mantener el escepticismo profesional durante toda la auditoría reconociendo que puede existir una incorrección material debida a fraude, incluso aunque su experiencia anterior con la dirección haya sido positiva.

Si encuentra indicios de que un documento podría no ser auténtico, debe investigar. Si las respuestas de la dirección o de los responsables del gobierno son incongruentes, debe analizar esas incongruencias.

Esto es importante porque el fraude puede implicar ocultación, falsificación documental, acuerdos entre varias personas o elusión de controles por parte de la propia dirección.

Por eso los procedimientos adecuados para detectar errores no siempre son suficientes frente a un fraude.

Las estimaciones contables exigen especialmente juicio y escepticismo

Provisiones, deterioros, valoraciones, flujos de caja futuros o hipótesis relacionadas con la continuidad de la empresa contienen inevitablemente elementos de juicio.

La propia Ley de Auditoría menciona expresamente la necesidad de mantener una actitud de escepticismo profesional al revisar determinadas estimaciones de la dirección.

En estas áreas, el trabajo del auditor no consiste simplemente en comprobar que existe un cálculo.

Debe preguntarse si las hipótesis utilizadas son razonables, si los datos empleados son adecuados, si existe evidencia contradictoria y si la dirección puede estar introduciendo —consciente o inconscientemente— algún sesgo.

También existen sesgos del propio auditor

El escepticismo profesional no consiste únicamente en cuestionar la información de la empresa. También exige que el auditor sea consciente de sus propios sesgos.

La normativa de gestión de la calidad del encargo advierte de factores como el sesgo de confirmación, el exceso de confianza, el anclaje, la disponibilidad o el pensamiento de grupo.

Un auditor que ha formulado una hipótesis inicial puede tender, inconscientemente, a valorar más la información que la confirma. Un equipo que lleva muchos años auditando una compañía puede considerar determinados procesos menos arriesgados simplemente porque nunca han generado problemas.

Precisamente por eso, la experiencia es valiosa, pero nunca debe convertirse en complacencia.

El tiempo y los recursos también influyen en la calidad

Aplicar correctamente el escepticismo profesional requiere algo que a veces se olvida cuando se analiza el coste de una auditoría: tiempo, profesionales cualificados y capacidad para profundizar cuando aparece una cuestión inesperada.

La NIA-ES 220, sobre gestión de la calidad de una auditoría, reconoce que determinadas presiones sobre los equipos pueden dificultar la aplicación adecuada del escepticismo profesional, incluidas restricciones de recursos.

Esto conecta directamente con una cuestión fundamental: la calidad de una auditoría no depende únicamente de ejecutar una lista de procedimientos.

Depende también de la capacidad del equipo para detenerse, pensar, cuestionar y ampliar el trabajo cuando la evidencia así lo exige.

¿Por qué aporta valor a la empresa?

Desde el punto de vista de la empresa auditada, algunas preguntas del auditor pueden resultar incómodas.

Pero precisamente esas preguntas pueden ser una de las mayores aportaciones del proceso.

¿Por qué se ha producido esta variación? ¿Qué evidencia respalda esta estimación? ¿Quién controla este proceso? ¿Por qué esta operación se ha contabilizado de esta forma? ¿Existe documentación suficiente? ¿Qué ocurre si esta hipótesis no se cumple?

Estas preguntas no buscan complicar el trabajo de la empresa. Buscan aumentar la fiabilidad de la información sobre la que el auditor tendrá que emitir su opinión.

Y, en ese proceso, pueden ayudar a detectar debilidades, errores, riesgos o áreas susceptibles de mejora.

El auditor no está para creer ni para desconfiar: está para obtener evidencia

Quizá esta sea la mejor forma de explicar el escepticismo profesional.

Un auditor no debe comenzar su trabajo pensando que todo está mal. Pero tampoco puede concluir que todo está bien porque las explicaciones parezcan razonables o porque confíe en quienes se las proporcionan.

Debe preguntar, contrastar, analizar y obtener evidencia suficiente y adecuada.

El escepticismo profesional no es desconfianza. Es rigor.

Y ese rigor es una de las razones por las que una auditoría independiente aporta confianza a accionistas, inversores, entidades financieras, administraciones, proveedores y al conjunto de usuarios de la información financiera.

Fuentes normativas principales: Ley 22/2015, de Auditoría de Cuentas; NIA-ES 200, Objetivos globales del auditor independiente; NIA-ES 240, Responsabilidades del auditor con respecto al fraude; y NIA-ES 220 (Revisada), Gestión de la calidad de una auditoría de estados financieros.