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El escepticismo profesional: lo que la inteligencia artificial no puede sustituir en auditoría

La auditoría ha evolucionado durante cincuenta años y seguirá transformándose con la inteligencia artificial. Pero el escepticismo profesional continúa siendo indispensable para evaluar críticamente la evidencia y aportar confianza.

5 MIN LECTURA

La auditoría tiene antecedentes que se remontan a las primeras civilizaciones. Desde los antiguos mecanismos de control de cuentas hasta la inteligencia artificial, han cambiado las herramientas, los procedimientos y las normas. Sin embargo, la necesidad de verificar y cuestionar la información ha acompañado a esta actividad a lo largo de su evolución. Hoy, esa actitud crítica encuentra una de sus expresiones fundamentales en el escepticismo profesional. La inteligencia artificial está transformando nuestra manera de trabajar, pero ¿puede sustituir la capacidad del auditor para cuestionar, interpretar y evaluar críticamente la información?

De los primeros controles de cuentas a la auditoría moderna

Los antecedentes de la auditoría se remontan a las civilizaciones antiguas, donde existían mecanismos para comprobar registros, controlar recursos y exigir responsabilidades a quienes administraban bienes ajenos. Aquellas prácticas no constituían auditorías financieras en el sentido actual, pero respondían a una necesidad que sigue vigente: verificar la información y generar confianza sobre su fiabilidad. Con el desarrollo del comercio y la Revolución Industrial del siglo XIX, la auditoría comenzó a consolidarse como actividad profesional diferenciada. En España, la profesión precede a la Ley 19/1988, de 12 de julio, de Auditoría de Cuentas, que estableció su marco regulatorio general. A lo largo de este recorrido, la necesidad de comprobar, contrastar y evaluar críticamente la información ha permanecido. El escepticismo profesional, tal como hoy lo conocemos, constituye la expresión normativa de esa actitud crítica en la auditoría de cuentas.

El escepticismo profesional: mucho más que desconfiar

La NIA-ES 200 define el escepticismo profesional como una actitud que implica una mentalidad inquisitiva, una especial atención a las circunstancias que puedan indicar posibles incorrecciones debidas a errores o fraudes y una valoración crítica de la evidencia de auditoría. No significa desconfiar sistemáticamente ni presumir que la información es incorrecta. Significa preguntarse si la información es coherente, si existen contradicciones, si la evidencia es suficiente y adecuada y si las conclusiones están fundamentadas. Auditar no consiste únicamente en comprobar información, sino también en cuestionarla, comprenderla y obtener evidencia que permita alcanzar conclusiones fundamentadas.

Una profesión en constante evolución, una misma necesidad de cuestionar

De los expedientes en papel, las comprobaciones manuales y las calculadoras hemos pasado a programas especializados, sistemas integrados, análisis masivo de datos e inteligencia artificial. También han evolucionado la regulación, las metodologías y los estándares de calidad. El auditor de hace décadas necesitaba cuestionar una valoración, analizar operaciones inusuales y contrastar explicaciones. El auditor actual sigue haciéndolo, aunque cuente con herramientas más sofisticadas. La tecnología ha cambiado nuestra manera de obtener y analizar evidencia, pero no ha eliminado la necesidad de interpretarla críticamente.

La inteligencia artificial puede analizar datos, pero ¿puede ejercer el escepticismo profesional?

La inteligencia artificial permite procesar grandes volúmenes de información, identificar anomalías y detectar patrones. En algunos procedimientos podremos examinar poblaciones completas y dedicar más tiempo a las áreas que requieren juicio profesional. Pero identificar una anomalía no equivale a comprender su significado. Un sistema puede señalar operaciones inusuales o proponer explicaciones; corresponde al auditor determinar si existe un riesgo de incorrección material, qué evidencia adicional necesita y si las explicaciones son coherentes. Tampoco la ausencia de alertas demuestra que no existan riesgos relevantes. La tecnología puede ayudarnos a identificar dónde mirar; el escepticismo profesional nos ayuda a decidir qué cuestionar y qué conclusiones alcanzar.

El nuevo desafío: aplicar el escepticismo también a la tecnología

El auditor debe aplicar una actitud crítica no solo a la información de la dirección y a las estimaciones contables, sino también a los resultados de las herramientas tecnológicas. Una respuesta generada por inteligencia artificial puede parecer convincente y contener errores, omisiones o conclusiones sin fundamento. Los algoritmos pueden presentar limitaciones de datos, sesgos o configuraciones inadecuadas. El auditor debe comprender sus limitaciones, evaluar su fiabilidad y contrastar sus conclusiones cuando sea necesario. Cuanto más avanzadas sean nuestras herramientas, más importante puede ser cuestionar sus resultados. El riesgo no reside únicamente en que la tecnología se equivoque, sino en que el profesional deje de cuestionarla.

Una competencia que se construye con experiencia, formación y cultura profesional

El escepticismo profesional no se adquiere exclusivamente leyendo una norma. Se desarrolla mediante formación, experiencia, supervisión, análisis de situaciones complejas y aprendizaje compartido. Los profesionales jóvenes deben aprender no solo a manejar herramientas, sino también a comprender los riesgos que cubren los procedimientos y la evidencia necesaria para concluir. Las firmas deben fomentar una cultura en la que preguntar, debatir y contrastar conclusiones sea parte natural del trabajo. El escepticismo depende de las capacidades individuales y del entorno en que se realiza la auditoría.

El auditor del futuro seguirá necesitando hacerse preguntas

La inteligencia artificial probablemente ejecutará procedimientos cada vez más complejos, analizará información en tiempo real y asistirá al auditor en numerosas fases. Pero existe una diferencia entre disponer de información y obtener confianza sobre ella. La confianza de una auditoría no procede únicamente de la cantidad de datos analizados ni de su velocidad de procesamiento, sino de un trabajo realizado con independencia, rigor, juicio profesional y evidencia suficiente y adecuada. La responsabilidad de evaluar la evidencia y alcanzar conclusiones profesionales continúa correspondiendo al auditor.

Una profesión que evoluciona sin perder su esencia

La auditoría ha sabido adaptarse a transformaciones económicas, regulatorias y tecnológicas y seguirá haciéndolo. La inteligencia artificial puede reforzar su esencia al liberar tiempo de tareas mecánicas y permitir dedicar mayores esfuerzos a comprender los riesgos y evaluar críticamente la evidencia. El desafío es aprovechar esas capacidades sin renunciar a los principios que sustentan la profesión. Las herramientas cambian. Las metodologías evolucionan. La tecnología avanza. Pero la necesidad de cuestionar, contrastar y comprender permanece. Mientras la sociedad necesite confianza en la información financiera, seguirá necesitando auditores capaces de ejercer el escepticismo profesional.

Fuentes y referencias

  1. ICAC. NIA-ES 200, Resolución de 11 de abril de 2024 (apartados 13 y 15 y guía A21-A25).
  2. IAASB. Professional Skepticism Lies at the Heart of a Quality Audit (2018).
  3. IAASB, IAESB e IESBA. Toward Enhanced Professional Skepticism (2017).