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Soy auditor, pero no el auditor de Olympus

Olympus ocultó pérdidas de inversiones durante años mediante fondos externos, adquisiciones y pagos inusuales. Qué reveló la investigación y qué enseña a la auditoría.

5 MIN LECTURA

Ficha del caso

  • Año: 2011
  • País: Japón
  • Empresa: Olympus Corporation
  • La gran lección: una pérdida trasladada fuera del balance sigue siendo una pérdida.
  • Conceptos clave: fondos externos · adquisiciones · gobierno corporativo · escepticismo profesional

Durante años, Olympus mantuvo fuera de sus cuentas pérdidas de inversiones financieras. Para cerrar el círculo, utilizó adquisiciones y pagos de asesoramiento a precios extraordinarios. El caso muestra por qué una operación debe entenderse en su conjunto, y por qué las alertas necesitan una respuesta efectiva de la dirección y de los órganos de gobierno.

La pérdida que no desapareció

A finales de los años ochenta, Olympus había realizado inversiones financieras que perdieron valor tras el estallido de la burbuja japonesa. Según la reconstrucción publicada por la propia compañía a partir de la investigación independiente, las pérdidas latentes rozaban los 100.000 millones de yenes en la segunda mitad de los noventa.

En torno a 1998, un pequeño grupo de directivos ideó una forma de apartar esos activos del balance consolidado: transferirlos a fondos externos por su valor contable, aunque su valor económico era inferior. Los fondos se financiaron, entre otros medios, mediante préstamos bancarios garantizados con depósitos y otros activos de Olympus. Para marzo de 2000, los activos afectados ya habían salido de las cuentas consolidadas.

El traslado cambió la apariencia de los estados financieros. No recuperó el valor perdido por las inversiones.

Cómo entraron en juego las adquisiciones

La segunda fase consistió en hacer regresar el dinero a esos fondos mediante operaciones empresariales. Entre 2008 y 2010 Olympus compró tres compañías japonesas a precios inflados y realizó pagos asociados a la adquisición de la británica Gyrus, incluidos honorarios de asesoramiento y operaciones con acciones preferentes.

La documentación corporativa cifra en unos 135.000 millones de yenes los pagos dirigidos a los fondos receptores: aproximadamente 72.000 millones por las tres adquisiciones nacionales y 63.000 millones por las operaciones relacionadas con Gyrus. Esa cifra describe el importe canalizado mediante el mecanismo; no es una medida intercambiable de la pérdida inicial.

Así, el coste de ocultar las inversiones fallidas podía aparecer repartido entre precios de compra, fondo de comercio, honorarios y posteriores pérdidas por deterioro. Mirar cada factura de forma aislada habría dejado sin respuesta la pregunta central: ¿por qué se pagaron esas cantidades y quién se beneficiaba realmente?

Las preguntas que terminaron aflorando

Las operaciones habían suscitado preguntas en medios japoneses. Michael Woodford, entonces presidente y consejero delegado, pidió explicaciones sobre la falta de transparencia de transacciones anteriores y fue destituido el 14 de octubre de 2011. Olympus constituyó el 1 de noviembre un comité independiente; el 6 de diciembre recibió su informe. El 14 de diciembre presentó estados financieros e informes trimestrales corregidos.

El informe describió una actuación mantenida en secreto por un grupo reducido de altos directivos y señaló fallos de supervisión en el consejo de administración y en el órgano japonés de vigilancia societaria.

¿Dónde estaba el auditor externo?

Este punto merece precisión. El informe posterior sobre responsabilidades recoge que, entre diciembre de 2008 y junio de 2009, el auditor externo advirtió al órgano de vigilancia societaria de que el precio de las tres compañías japonesas y los honorarios vinculados a Gyrus eran excesivos y planteaban dudas sobre la racionalidad económica de las operaciones. Según ese informe, esas advertencias no recibieron la respuesta que exigía su gravedad.

Ese dato impide resumir el caso diciendo que «nadie hizo preguntas». Tampoco permite concluir, por sí solo, que la actuación de todos los participantes fue suficiente. La información disponible distingue entre detectar una anomalía, obtener evidencia para comprenderla, comunicarla y conseguir que el gobierno de la entidad actúe. Son pasos diferentes.

También conviene no confundir al auditor externo de las cuentas con los corporate auditors japoneses, integrantes de un órgano societario de vigilancia al que se refiere el informe.

Qué puede aprender un auditor hoy

El caso invita a seguir la pista económica completa de una operación. Si una adquisición presenta un precio difícil de justificar o unos honorarios desproporcionados, el análisis no termina en la existencia de un contrato y una aprobación formal. Hay que entender la valoración, la identidad y función de los intermediarios, los flujos de fondos, las relaciones entre partes y el tratamiento contable posterior.

Desde la perspectiva de las normas de auditoría aplicables en España, la NIA-ES 200 exige escepticismo profesional; la NIA-ES 240 orienta la respuesta a riesgos de fraude; la NIA-ES 315 exige comprender y valorar los riesgos de incorrección material; y las NIA-ES 550 y 260 son relevantes para las partes vinculadas y la comunicación con los responsables del gobierno. Son referencias para extraer enseñanzas profesionales actuales, no las normas que regían una auditoría japonesa de aquel periodo.

La auditoría proporciona seguridad razonable, no una garantía de descubrir toda ocultación deliberada. Pero cuando aparecen indicios anómalos, importa tanto la calidad de las preguntas como el seguimiento de las respuestas.

La idea que debes recordar

Trasladar una pérdida fuera del balance no cambia su realidad económica. Si para hacerla desaparecer se necesitan estructuras opacas, adquisiciones a precios extraños y honorarios difíciles de explicar, la operación completa merece ser investigada.

Fuentes

Olympus y las demás marcas citadas pertenecen a sus titulares. Este artículo tiene finalidad informativa y didáctica; SoyAuditor no mantiene vinculación con la compañía ni fue su auditor.