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Un proyecto piloto de IA debería resolver una tarea concreta y permitir comprobar si la resuelve mejor. «Introducir inteligencia artificial en la firma» es una aspiración; preparar un primer borrador de preguntas para una reunión, con información ficticia y revisión profesional, es una prueba que puede evaluarse.
Elegir un caso acotado
Como propuesta editorial de soy|auditor, el primer piloto puede centrarse en una actividad de apoyo, con datos ficticios y un resultado fácil de contrastar. Por ejemplo, organizar un supuesto formativo, proponer preguntas sobre un proceso o comparar dos versiones inventadas de una política. El objetivo es aprender sobre la herramienta sin convertir el experimento en una conclusión de un encargo real.
Conviene escribir de antemano qué queda dentro y fuera de la prueba. Preparar preguntas no equivale a decidir que un control es eficaz. Resumir un documento tampoco equivale a verificar su contenido.
Comparar el proceso completo
Supongamos un ejemplo ficticio: preparar un borrador manual requiere treinta minutos. La herramienta lo genera en cinco, pero revisar errores y rehacer partes exige otros veinte. El ahorro es distinto del que sugiere comparar únicamente los cinco minutos de generación con el trabajo manual.
Una evaluación útil anotaría el tiempo total, la calidad del resultado y el tipo de correcciones necesarias. También distinguiría errores menores de omisiones que cambian el sentido del documento. Las cifras del ejemplo son ilustrativas; no representan una estimación de productividad para el sector.
Definir cuándo detenerse
Antes de empezar, el equipo puede fijar condiciones de parada: referencias que no existen, resultados que no pueden contrastarse o necesidad de introducir información fuera del uso autorizado. Un piloto que revela una limitación también aporta valor: evita ampliar una práctica que todavía no está preparada.
Resulta útil designar quién prepara la prueba, quién revisa el resultado y quién decide si se repite. La revisión debe tener tiempo y criterios propios, sin quedar reducida a una aprobación rápida del texto generado.
Ampliar solo lo que se ha entendido
Si el resultado es satisfactorio, el siguiente paso puede ser repetir la prueba con casos de dificultad distinta y documentar las condiciones en las que funciona. Cambiar de herramienta, tipo de documento o uso exige revisar si las conclusiones del piloto siguen siendo aplicables.
El trabajo del IAASB sobre tecnología y gestión de la calidad ofrece contexto para este debate. El itinerario propuesto aquí es una recomendación editorial, no un procedimiento normativo ni una aprobación de una herramienta concreta.
La pregunta final no debería ser si la demostración impresionó al equipo, sino si el proceso completo fue útil, revisable y repetible. Para seguir leyendo: eficiencia y valor de la auditoría y IA y juicio profesional.




