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Cuando una empresa acumula pérdidas, tiene problemas de liquidez o afronta vencimientos importantes de deuda, una de las preguntas más delicadas de la auditoría es inevitable: ¿puede continuar desarrollando su actividad en el futuro previsible?
La cuestión se conoce como empresa en funcionamiento y es una de las áreas donde mejor se aprecia la diferencia entre detectar un riesgo y concluir sobre sus consecuencias.
La responsabilidad empieza en la dirección
La dirección es responsable de valorar la capacidad de la entidad para continuar como empresa en funcionamiento y de preparar las cuentas utilizando ese principio cuando resulte apropiado. El auditor, por su parte, debe obtener evidencia suficiente y adecuada sobre la utilización de dicho principio y concluir si existe una incertidumbre material relacionada con hechos o condiciones que puedan generar dudas significativas.
¿Qué señales pueden llamar la atención?
Entre otras circunstancias pueden aparecer pérdidas recurrentes, patrimonio deteriorado, dificultades para atender pagos, vencimientos de financiación sin refinanciar, pérdida de clientes esenciales, litigios relevantes o dependencia de financiación adicional.
Ninguna señal debe analizarse de manera aislada. Una compañía puede atravesar pérdidas y disponer al mismo tiempo de apoyo financiero suficiente, planes viables, liquidez o medidas correctoras que cambien sustancialmente el análisis.
El auditor evalúa los planes, no los acepta sin más
Cuando existen circunstancias que generan dudas, el trabajo exige analizar las previsiones de tesorería, hipótesis utilizadas, financiación disponible, compromisos de socios o terceros, evolución posterior al cierre y viabilidad de las medidas previstas por la dirección.
El escepticismo profesional es esencial: una previsión no se convierte en evidencia suficiente simplemente porque aparezca en una hoja de cálculo.
¿Qué ocurre en el informe de auditoría?
La consecuencia depende de los hechos, de la adecuación del principio contable utilizado y de la información incluida en las cuentas anuales. La existencia de dificultades financieras no implica automáticamente una opinión modificada. En cambio, una información inadecuada o una utilización incorrecta del principio de empresa en funcionamiento sí puede tener consecuencias sobre la opinión.
Cuando existe una incertidumbre material adecuadamente revelada, la normativa de auditoría establece un tratamiento específico en el informe para llamar claramente la atención del lector. Para situar este tratamiento dentro del conjunto de posibles conclusiones, consulta nuestra guía para entender el informe de auditoría.
Auditar también es evaluar escenarios difíciles
Un caso empresarial que permite ver esta cuestión en la práctica es Carillion, donde las estimaciones, las previsiones y la continuidad quedaron estrechamente relacionadas.
El trabajo del auditor no consiste en garantizar que una empresa vaya a sobrevivir. Consiste en evaluar críticamente la evidencia disponible y determinar si las cuentas y el informe reflejan adecuadamente la situación conforme al marco aplicable.
Referencia técnica: NIA-ES 570 (Revisada), Empresa en funcionamiento. Para cada encargo debe comprobarse la versión de la norma aplicable según la fecha de inicio del ejercicio, conforme a los compendios normativos del ICAC.



