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Modernizar las normas, mejorar su aplicación y construir confianza en la información de sostenibilidad. Tres retos que ayudan a entender hacia dónde avanza la profesión y qué decisiones deberían empezar a tomar las firmas.
Cuando hablamos del futuro de la auditoría, la conversación suele dirigirse rápidamente hacia la inteligencia artificial. Qué tareas automatizará, cómo cambiarán los equipos o qué herramientas utilizaremos dentro de unos años.
Pero el futuro de la profesión también se está definiendo en otros ámbitos: cómo evolucionan las normas, cómo conseguimos aplicarlas de forma consistente y sobre qué información necesitarán confianza las empresas y la sociedad.
Los proyectos y publicaciones del Consejo de Normas Internacionales de Auditoría y Aseguramiento —IAASB— permiten identificar tres prioridades. Desde Soy Auditor analizamos sus implicaciones para el trabajo diario y para las firmas españolas.
1. Modernizar las normas para una realidad empresarial que ya ha cambiado
La información financiera se produce en entornos cada vez más digitales. Sistemas interconectados, procesos automatizados y herramientas de análisis intervienen en la generación y el tratamiento de los datos que posteriormente revisa el auditor.
En este contexto, el IAASB ha sometido a consulta propuestas de revisión de tres normas fundamentales: la NIA 330, sobre respuestas a los riesgos valorados; la NIA 500, sobre evidencia de auditoría; y la NIA 520, sobre procedimientos analíticos. El plazo anunciado para presentar comentarios finaliza el 15 de diciembre de 2026.
El proyecto busca reforzar un enfoque basado en principios y riesgos, que permita aprovechar la innovación tecnológica manteniendo el juicio y el escepticismo profesional. Se trata de propuestas internacionales, todavía no de modificaciones definitivas de las NIA-ES.
Para las firmas, la reflexión práctica va más allá de comprar un programa.
Pensemos en una herramienta que identifica operaciones inusuales en un registro de ventas. Su resultado puede orientar el trabajo, pero el equipo debe comprender qué información ha analizado, qué criterios ha utilizado y qué limitaciones presenta.
Después tendrá que decidir qué significan las excepciones y qué procedimientos adicionales necesita.
Del mismo modo, que una herramienta no detecte anomalías no permite concluir automáticamente que la información esté libre de incorrecciones materiales.
La capacidad de procesar más datos solo aporta valor cuando sabemos qué pregunta de auditoría estamos intentando responder.
2. Conseguir que las normas se traduzcan en mejores auditorías
Publicar una norma es un paso importante. Conseguir que se aplique correctamente en encargos y organizaciones diferentes constituye otro desafío.
El IAASB ha puesto atención en esta cuestión. En febrero de 2026 publicó las conclusiones de sus mesas de trabajo sobre tecnología y gestión de la calidad. Los participantes consideraron que las normas de calidad proporcionan una base sólida para gestionar los riesgos tecnológicos, y señalaron la utilidad de orientaciones prácticas adicionales ante herramientas emergentes, incluida la inteligencia artificial.
Nuestra lectura es que esta prioridad afecta directamente a la formación, la metodología y la supervisión.
Actualizar un manual sirve de poco si el equipo no comprende cómo cambia su trabajo. Incorporar una herramienta tampoco garantiza una mejora si sus resultados se aceptan sin una revisión suficiente.
Imaginemos una estimación contable cuya comprobación queda documentada mediante una hoja de cálculo extensa. Puede contener numerosos datos y cálculos, pero seguir dejando preguntas esenciales sin resolver: qué hipótesis son relevantes, qué información las respalda y por qué el auditor considera razonable la conclusión.
La calidad del expediente depende de que esa relación entre riesgo, procedimiento, evidencia y conclusión resulte comprensible.
Esto también tiene consecuencias para el desarrollo del talento. Los profesionales jóvenes necesitan aprender a ejecutar procedimientos y a entender su finalidad. La supervisión debe ayudarles a reconocer cuándo una explicación es insuficiente o cuándo una evidencia exige más trabajo.
Como abordamos en nuestro artículo sobre el escepticismo profesional y la inteligencia artificial, las herramientas amplían nuestras capacidades, pero el aprendizaje profesional sigue necesitando preguntas, contraste y criterio.
El futuro de la auditoría también se juega en cómo enseñamos a auditar.
3. Construir confianza en la información de sostenibilidad
La información sobre sostenibilidad plantea otro ámbito de desarrollo para el aseguramiento.
El IAASB ha emitido la ISSA 5000, denominada NIAS 5000 en su traducción española, como marco global para los encargos de aseguramiento de sostenibilidad. Está diseñada para distintos temas y marcos de información y puede ser utilizada por profesionales contables y otros profesionales del aseguramiento.
El organismo también ha publicado recursos de implementación, informes ilustrativos y materiales sobre seguridad limitada y seguridad razonable. Su adopción y aplicación deben analizarse en cada jurisdicción: la existencia de una norma internacional no determina, por sí sola, su obligatoriedad en España.
Para una firma que valore desarrollar esta actividad, nuestra reflexión es que la preparación debería empezar por sus capacidades.
¿Qué conocimientos necesita el equipo? ¿Qué información tendrá que examinar? ¿Cómo evaluará los criterios utilizados por la entidad? ¿Cuándo necesitará especialistas?
Por ejemplo, ante un indicador de consumo energético, comprobar un cálculo no resuelve todas las cuestiones. También interesa entender qué instalaciones incluye, de dónde proceden los datos y si el perímetro de la información es coherente con los criterios aplicados.
La experiencia en auditoría financiera puede aportar una base valiosa. A ella deberán añadirse las competencias específicas que requiera cada encargo.
Ampliar el ámbito de actuación exige preparar a las personas, los procedimientos y la gestión de la calidad.
¿Qué significa todo esto para el auditor español?
Seguir la agenda internacional ayuda a anticipar necesidades de formación y posibles cambios metodológicos. Para determinar las obligaciones aplicables a una auditoría de cuentas en España, debemos acudir al marco nacional y a las resoluciones del ICAC.
La Resolución de 11 de abril de 2024 recuerda que los pronunciamientos internacionales resultan de aplicación en España en la medida en que se acuerde su incorporación a nuestra normativa. Es esencial distinguir entre una propuesta internacional, una norma emitida y una norma adaptada y aplicable al encargo concreto.
Desde una perspectiva de dirección, estas prioridades invitan a revisar tres aspectos: cómo seguimos las novedades, cómo trasladamos los cambios al trabajo y qué competencias necesitamos desarrollar.
No todas las firmas tomarán las mismas decisiones. Cada una tendrá que valorar sus clientes, sus recursos y su estrategia.
La confianza seguirá siendo el centro de la profesión
La próxima década traerá herramientas y necesidades de información que todavía no conocemos por completo. Por eso, estas tres prioridades deben entenderse como una orientación para prepararnos, no como una predicción cerrada.
Modernizar las normas permitirá responder a nuevas realidades. Mejorar su aplicación ayudará a realizar trabajos más consistentes. Desarrollar el aseguramiento de sostenibilidad exigirá ampliar conocimientos y capacidades.
El valor profesional estará en conectar esos cambios con el propósito de nuestro trabajo: obtener evidencia, ejercer el juicio y alcanzar conclusiones que merezcan confianza.
El futuro de la auditoría se construye también en cada decisión que tomamos hoy para hacer mejor nuestro trabajo.





