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Del auditor que comprueba al auditor que interpreta: cómo está cambiando el perfil profesional

La tecnología está desplazando el valor del auditor desde la comprobación mecánica hacia la interpretación, el juicio profesional, el escepticismo y la responsabilidad sobre las conclusiones.

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La tecnología está cambiando la auditoría, pero no necesariamente reduciendo la importancia del auditor. Más bien está desplazando el lugar en el que el profesional aporta valor.

Durante décadas, una parte importante del trabajo de auditoría ha estado asociada a la selección de muestras, la comprobación documental, las conciliaciones y otras tareas intensivas en tiempo. La inteligencia artificial, el análisis de datos, la automatización y las herramientas en la nube permiten abordar cada vez más de estas tareas de una forma diferente.

El cambio relevante no consiste simplemente en hacer lo mismo más rápido. Consiste en que el auditor puede dedicar una mayor parte de su trabajo a interpretar información, identificar riesgos, cuestionar resultados y evaluar si la evidencia obtenida es suficiente y adecuada.

De comprobar operaciones a interpretar información

IFAC ha señalado recientemente que la tecnología está ampliando lo que significa ser auditor. El análisis de poblaciones más amplias de datos, la identificación más rápida de anomalías y la extensión del aseguramiento hacia sistemas, datos y nuevas áreas pueden modificar profundamente la forma de ejecutar una auditoría.

Esto no elimina la necesidad de criterio profesional. La incrementa. Una herramienta puede identificar una operación atípica, pero alguien debe determinar por qué es relevante. Puede generar un análisis, pero el auditor debe comprender sus limitaciones, contrastarlo y decidir qué implicaciones tiene para el trabajo.

El juicio profesional no se automatiza

Cuanto mayor sea la capacidad tecnológica disponible, más importante resulta distinguir entre obtener información y obtener evidencia de auditoría suficiente y adecuada.

El auditor sigue siendo responsable de las conclusiones alcanzadas. El uso de una herramienta —incluida una herramienta basada en inteligencia artificial— no traslada esa responsabilidad al proveedor tecnológico ni al algoritmo.

Por eso, competencias tradicionalmente asociadas a la profesión, como el juicio profesional, el escepticismo, la capacidad de comunicación y la comprensión del negocio, adquieren todavía más importancia. El IAASB vincula expresamente la calidad de los encargos con el ejercicio adecuado del juicio profesional y, cuando corresponde, del escepticismo profesional.

Más tecnología también exige más gestión de la calidad

Existe además una segunda dimensión que no debería quedar eclipsada por las ganancias de productividad: cómo gobiernan las firmas el uso de estas herramientas.

El IAASB mantiene una iniciativa específica sobre Technology Quality Management para analizar cómo las tecnologías emergentes, particularmente la inteligencia artificial, afectan a los encargos de auditoría y aseguramiento y a la aplicación de las normas internacionales de gestión de la calidad.

Esto introduce preguntas que las firmas tendrán que abordar de manera cada vez más sistemática: qué herramientas están autorizadas, qué información puede introducirse en ellas, cómo se valida su funcionamiento, qué revisión humana se exige, cómo se documenta su utilización y cómo se gestionan los riesgos derivados de herramientas externas o no autorizadas.

La cuestión, por tanto, ya no es únicamente si una firma utiliza inteligencia artificial. La cuestión es si sabe utilizarla dentro de un entorno de calidad, control, confidencialidad y responsabilidad profesional.

El auditor del futuro seguirá siendo auditor

Es probable que algunas tareas que hoy ocupan muchas horas dejen de hacerlo. También aparecerán otras relacionadas con datos, sistemas, sostenibilidad, ciberseguridad o gobernanza de la inteligencia artificial.

Pero la esencia de la profesión permanece: aportar confianza sobre información que otros necesitan para tomar decisiones.

La tecnología puede ampliar nuestra capacidad para analizar. No sustituye la obligación de comprender, cuestionar y concluir.

Quizá por eso la transformación que estamos viviendo pueda resumirse de una forma sencilla: estamos pasando progresivamente del auditor que comprueba al auditor que interpreta.

Fuentes oficiales