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Para muchas empresas, la auditoría termina el día en que reciben el informe. Sin embargo, limitar todo el valor del proceso a esas páginas finales significa desaprovechar una parte importante del trabajo realizado durante meses.
El objetivo legal y profesional de una auditoría de cuentas es emitir una opinión sobre las cuentas anuales. Pero durante ese proceso el auditor conoce el negocio, analiza procesos, identifica y valora riesgos, revisa estimaciones, contrasta información y obtiene una visión independiente de numerosas áreas de la organización. Bien aprovechado, ese conocimiento puede aportar valor más allá del propio informe, siempre respetando la independencia del auditor y los límites de su función.
1. Elegir un auditor que entienda el sector y el negocio
Dos empresas con cifras similares pueden tener riesgos completamente diferentes. El modelo de negocio, el sector, la regulación, la financiación, la estructura societaria, los sistemas informáticos o la forma de reconocer ingresos pueden cambiar sustancialmente el enfoque de una auditoría.
Por eso, el conocimiento sectorial y la capacidad del auditor para comprender cómo funciona realmente la compañía son importantes. No se trata únicamente de conocer la normativa contable: se trata de entender dónde puede estar el riesgo y qué información resulta relevante para evaluar las cuentas.
2. Compartir con el auditor los riesgos que preocupan a la empresa
La conversación sobre riesgos puede ser una de las partes más útiles del proceso. La dirección conoce la empresa desde dentro y el auditor la analiza desde una posición independiente. Comparar ambas perspectivas puede resultar especialmente interesante.
¿Los riesgos que la dirección considera prioritarios coinciden con los que identifica el auditor? ¿Existe algún riesgo relevante que la organización esté infravalorando? ¿Hay procesos que preocupan internamente pero que, desde la perspectiva de las cuentas anuales, presentan un riesgo diferente?
Esto no significa que la empresa determine los riesgos de auditoría ni el alcance del trabajo. Esa valoración corresponde al auditor. Pero una comunicación abierta ayuda a que disponga de mejor conocimiento de la entidad y permite a la dirección contrastar su propio mapa de riesgos con una mirada externa.
3. Entender por qué el auditor pone el foco en determinadas áreas
Una auditoría se planifica y ejecuta atendiendo a los riesgos de incorrección material. Por eso unas áreas reciben más atención que otras y la respuesta de auditoría se adapta a los riesgos valorados.
Preguntar por qué determinadas áreas concentran más trabajo puede ayudar a la empresa a comprender mejor sus puntos sensibles: reconocimiento de ingresos, existencias, estimaciones, deterioros, financiación, operaciones vinculadas, sistemas de información, controles o cualquier otra cuestión relevante según el negocio.
4. No esperar al informe para hablar de los hallazgos
Una auditoría funciona mejor cuando existe comunicación durante todo el proceso. Las cuestiones relevantes no deberían reservarse sistemáticamente para el último día.
Las reuniones de planificación, seguimiento y cierre permiten conocer la evolución del trabajo, resolver documentación pendiente, analizar diferencias y discutir cuestiones que puedan requerir una actuación de la empresa antes de formular o cerrar definitivamente sus cuentas.
5. Prestar atención a las recomendaciones, no solo a los ajustes
Un ajuste contable corrige una cifra. Una recomendación bien entendida puede evitar que el problema vuelva a producirse.
Durante el trabajo pueden identificarse oportunidades de mejora relacionadas con controles, conciliaciones, documentación, segregación de funciones, cierres contables, estimaciones, procedimientos o calidad de la información financiera. Cuando el auditor comunica este tipo de cuestiones dentro del marco aplicable al encargo, conviene analizarlas con atención.
La utilidad no está en acumular recomendaciones, sino en decidir cuáles son relevantes, quién será responsable de estudiarlas y qué medidas tiene sentido implantar.
6. Convertir las recomendaciones en un plan de acción
Una práctica útil consiste en clasificar las cuestiones detectadas según su importancia y realizar un seguimiento posterior. Para cada recomendación relevante pueden definirse un responsable, una actuación prevista y un plazo razonable.
En la siguiente auditoría será posible comprobar qué cuestiones se han solucionado, cuáles continúan abiertas y si las medidas adoptadas han funcionado. De esta forma, la auditoría puede contribuir indirectamente a un proceso de mejora continua de la información financiera y de determinados controles relacionados con ella.
7. Mantener clara la frontera: auditoría no es consultoría
Sacar más rendimiento a una auditoría no significa convertir al auditor en consultor ni trasladarle decisiones que corresponden a la dirección. La independencia y la objetividad son esenciales para que el informe conserve su valor.
El auditor puede comunicar hallazgos, deficiencias y observaciones dentro del marco de su trabajo, pero la dirección sigue siendo responsable de gestionar la empresa, diseñar sus controles, preparar sus cuentas y decidir qué medidas adopta.
8. El verdadero valor no debería quedarse archivado con el informe
El informe de auditoría es el resultado visible y esencial del encargo, pero detrás existe un proceso mucho más amplio. Una empresa que aprovecha las reuniones, explica bien su negocio, comparte sus preocupaciones, entiende los riesgos identificados y analiza las recomendaciones obtiene más valor del mismo proceso de auditoría. Si es la primera vez que tu empresa se audita, nuestra guía para afrontar una primera auditoría de cuentas explica los principales hitos desde la planificación hasta la emisión del informe.
La auditoría aporta confianza sobre la información financiera. Y, sin alterar su finalidad ni la independencia del auditor, también puede convertirse en una oportunidad para conocer mejor los riesgos asociados a esa información y reforzar determinados procesos y controles.
En soy|auditor creemos que entender esta dimensión de la auditoría ayuda a que empresas y profesionales dejen de verla únicamente como una obligación y comprendan mejor todo el trabajo que existe detrás del informe.




